NATURALEZA DESDE SIGÜENZA

Una visión de la naturaleza de Sigüenza y su comarca por Javier Munilla

lunes, 30 de abril de 2018

COLMENILLAS, LAS REINAS DE LA PRIMAVERA




Morchella esculenta var. rotunda

Las abundantes nevadas y lluvias de los últimos meses nos hacen pensar en una esplendorosa primavera llena de vida y color. Los campos, es más que probable, se llenaran de flores y esperemos que también de distintos tipos de hongos entre los que se encuentran algunos de los más exquisitos para nuestro paladar. En primavera podemos encontrar “Setas de marzo”, “Setas de cardo”,” Boletos reales”, “Setas de San Jorge”, “Colmenillas”, etc.… Y la entrada de hoy se la vamos a dedicar a estas últimas.

Las populares “colmenillas” pertenecen a la clase de hongos conocidos como Ascomycetes y a la familia Morchellaceae. Dentro de esta familia existen distintos géneros: Mitrophora, Morchella y Verpa

Estas setas presentan un pie hueco, más o menos liso y bastante frágil y un sombrero formado por alveolos. 

En el género Mitrophora el sombrero tiene forma de mitra, de ahí el nombre de mitrophora, y el pie se une con el sombrero en el medio, quedando un claro borde saliente. En España solamente está catalogada una especie, la conocida como “crespillo”, Mitrophora semilibera.

Mitrophora semilibera

En el género Verpa el sombrero es pequeño parecido a un dedal levemente verrugosos, casi liso y sin celdas. El pie es de color crema blancuzco, escamoso, hueco y largo, su unión con el sombrero se produce en la parte alta del pie. Existen 10 especies distintas y actualmente parte de sus taxones pasaron a pertenecer al género Ptychoverpa.

El motivo es que las ahora consideradas Ptychoverpa tienen el sombrero con celdas y costillas, parecidos a las Morchellas y las Mitrophoras.

Ptychoverpa bohémica

Y las consideradas Verpa tienen el sombrero rugosillo o casi liso. El género Verpa, dentro de la familia Morchellaceae, está considerada gastronómicamente inferior o sin interés culinario.

Verpa digitaliformis

En el género Morchella la forma del sombrero, puede ser globosa, cónica o puntiaguda, con alveolos irregulares separados por costillas paralelas, sinuosas o arbitrarias. Sus colores son muy variables, en la misma especie pueden pasar de tonos muy claros a oscuros dependiendo de la exposición al sol o de la edad. El pie tiene pequeñas escamas y suele ser de color blancuzco o cremoso, siempre más claro que el sombrero y la inserción con el sombrero es imperceptible. 

Existen 13 especies distintas en la Península Ibérica, agrupadas en tres grandes taxones: Rufobrunnea, Esculenta y Elata.

Morchella elata var. tridentina

La determinación da cada especie es complicado y debemos fijarnos en las características macroscópicas para determinar los distintos taxones:

Las Costillas: Las podemos clasificar en dos tipos: las primarias dispuestas más exteriormente, grandes y bien visibles y las secundarias, más interiores, delgadas y que interconexionan con las primarias.

Los Alveolos: Su disposición puede ser ordenada o arbitraria dependiendo de la disposición de las costillas. También se clasifican en primarios y secundarios dependiendo de su situación y notoriedad. 

La Valécula: Que es la hendidura en la unión del sombrero con el pie. 

Morchella esculenta var. umbrina

Los hongos de la familia Morchellaceae aparecen hacia la mitad del Triásico, hace 240 millones de años, y no es hasta el inicio del cretáceo cuando se diferencian los distintos géneros, aproximadamente hace 130 millones de años. Es entre mediados y el final del mioceno, entre 13 y 5 millones de años, cuando se observará una rápida diversificación de las especies; gracias a la aparición una gran variedad de flora y es por ello que las colmenillas crecen en distintos hábitats.

Una de las primeras cosas que nos llama la atención de estas setas son sus distintos nombres populares y como a través de ellos se puede apreciar la división de las dos "Españas" en sentido micológico. La España amante de las setas (micófila) las conoce como “colmenillas” en recuerdo a las colmenas de las abejas de las cuales se extrae la exquisita miel y la España que odia a las setas (micófoba) las llama “cagarrias” dando a entender que son un detritus no apto para el consumo.

Morchella esculenta var. vulgaris

Pero la realidad es que las setas del género Morchella son muy apreciadas en la cocina por su excelente aroma, sabor intenso que recuerda ligeramente al tocino y una textura cartilaginosa y elástica. Estas setas alcanzan precios altos en el mercado y son setas que necesitan un tratamiento especial a la hora de cocinarlas ya que poseen una toxina hemolítica (destructora de los glóbulos rojos sanguíneos) que no se desactiva si no se realiza una cocción de unos 30 minutos, entre 70º y 90º C, y se desecha el agua de la misma. Además, recientemente se ha descubierto que en crudo o con poca cocción también pueden provocar síndrome cerebeloso (temblor en las manos, descoordinación motora e inestabilidad) que desaparece a los pocos días. Por estos motivos es totalmente desaconsejable su consumo en crudo. Otra forma de eliminar la toxina es desecándolas y cuando queramos volver a utilizarlas se deben rehidratar alrededor de media hora en agua tibia y después realizar un hervor de 20 minutos, eliminando el agua de la cocción. 

Su forma de panal y con una superficie del sombrero llena de huecos, puede cobijar diversos animales, especialmente artrópodos, pequeñas babosas y caracolillos. Por esta razón precisan una exhaustiva limpieza antes de cocinarlas o someterlas al secado; su pie cuyo su interior es hueco es conveniente revisarlo también.

Morchella elata var. importuna

Volviendo al nombre, Morchella proviene una antigua palabra alemana, morchell, que significa esponja. Es muy apropiado porque su apariencia externa es muy similar a la de una esponja. También son conocidas como “Morillas” o “Pescado de secano”, ya que cuando se preparan cortadas a lo largo, empanadas y fritas se asemejan a la forma de un pescado. En los Montes Apalaches, al este de EEUU, son conocidas como “Merkel” que proviene de una palabra del dialecto de los indios Apalaches que significa “milagro”, este curioso nombre procede de la leyenda de una familia que se salvó de morir de hambre en las montañas gracias a que encontraron colmenillas y de esta forma pudieron alimentarse y sobrevivir.

Las “colmenillas” crecen en distintos y diversos hábitats, orillas de río, prados, todo tipo de bosques, en terrenos removidos (como curiosidad antiguamente solían encontrarse muchas colmenillas en los cementerios) y también brotan en grandes cantidades después de los grandes incendios forestales.  Cuenta la leyenda que la cosecha más grande de colmenillas que ha habido en Europa fue en Normandía después de la batalla que se ocasionó durante el desembarco de las tropas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial.

Para finalizar también es importante advertir que nunca debemos confundir las colmenillas con otras seta tóxicas del género Gyromitra, entre ellas la conocida como Gyromitra esculenta, que crece también en primavera en bosques de coníferas. Nos ayuda a distinguirlas las forma del sombrero, no tienen forma de panal, esta última tiene una forma parecida a un cerebro. De este género ya hablaremos en otra ocasión.

Gyromitra esculenta


miércoles, 4 de abril de 2018

ABUBILLA, EL GALLO DE MARZO


Llega la primavera y con el fin del invierno la madre naturaleza parece despertar. Nuestros campos y bosques comienzan a llenarse de infinitos colores y de hermosas melodías; una gran algarabía es lo que nos espera cuando salgamos a disfrutar en nuestro entorno natural. 

Según los cálculos del Observatorio Astronómico Nacional, la primavera comenzó el 20 de marzo a las 17h 15m, hora oficial peninsular. Pero ¿Cuando los que disfrutamos al aire libre podemos afirmar con cierta rotundidad que la primavera ha llegado a nuestra tierra? 
Pues cuándo podamos escuchar y observar al protagonista de nuestra entrada del blog, conocido en la tradición popular como “gallo de marzo” y comúnmente como “Abubilla” (Upupa epops).

La Abubilla es una de las aves más populares de España, su cresta de color canela con las puntas negras es un rasgo inconfundible para identificarla, el contraste de su plumaje canela, negro y blanco forman un conjunto llamativo que hace a este pájaro fácil de identificar. El pico es largo, delgado, curvado hacia abajo, de color negruzco; las patas son grises y el iris de los ojos pardo. Las hembras se parecen mucho a los machos, pero su plumaje suele ser menos contrastado.

La Abubilla cuando está tranquila, mantiene la larga cresta, de 28 plumas, recogida hacia atrás, pero en cuanto se alarma la despliega; el vuelo de las abubillas es ondulado recuerda vagamente al de las mariposas con frecuentes cambios de dirección. No suele volar largas distancias antes de volver a posarse, aunque se haya levantado alarmada. 
Su canto es un característico “up-pu-pu-pu”, grave y de largo alcance, que ha dado lugar a su nombre en latín “Upupa”.

Las abubillas son un gran aliado para los seres humanos ya que se alimentan de insectos, de crisálidas de la procesionaria del pino y de orugas recién enterradas, de larvas de coleópteros, hormigas y dípteros y sus larvas. También puede alimentarse de escolopendras, arañas, caracoles y lombrices. Sus presas grandes son muertas a picotazos y a menudo si el tamaño de la presa lo permite son lanzadas al aire y luego capturadas con tanta habilidad que resbalan dentro de la boca de la abubilla. Su pico es muy largo, y lo utiliza para desenterrar las larvas que encuentra mientras camina sobre el suelo, a veces durante la reproducción lleva pequeñas lagartijas para que se alimenten las crías. 



Esta forma de alimentarse a creado en algunos pueblos la leyenda de que las abubillas son capaces de detectar agua subterránea cuando golpea con su pico la tierra, algo que además de ser falso es muy curioso porque las abubillas como aves principalmente esteparias suele bañarse en la arena, pero nunca en el agua y raramente se las puede observar bebiendo agua ya que el líquido que necesitan lo obtienen de sus presas.

El celo comienza en las últimas semanas de abril, en este tiempo podemos ver a los machos luchando por el territorio. Las abubillas se emparejan de por vida y si nadie las molesta suelen ocupar idéntico lugar para anidar e incluso el mismo agujero un año tras otro. Pueden anidar en huecos en árboles, entrantes de muros, edificios, desvanes, grietas, ruinas, etc. En los bosques siente predilección por viejos troncos caídos en el suelo bien en su interior o bajo ellos.  Las hembras limpian los nidos sacando cualquier material que encuentra dentro, ya que no suelen utilizar ningún tipo de material para crear el nido.
Algunas veces puede observarse a los machos cortejar a las hembras, incluso cuando éstas están dentro de los nidos, llevándoles comida. 

Algunos ornitólogos han observado a machos llevando al nido trozos de estiércol de vaca o excrementos de oveja y cabra. Con el estiércol recolectado más el que producen las mismas aves y los restos de insectos hacen que el olor que desprende el nido y sus ocupantes, adultos y crías, sea muy desagradable, pero esta es la manera con la que las abubillas se protegen de posibles predadores; aunque esta estrategia defensiva suele fallarle muchas veces especialmente ante lagartos y culebras que en cuanto ven una oportunidad depredan los huevos. La incubación dura aproximadamente 3 semanas y mientras dura la incubación el macho alimenta a la hembra en el nido continuamente y vigila desde cerca.

Cuando nacen las crías el macho aporta insectos que entrega a la hembra para que ésta cebe a los pollos. Los excrementos de los pollos como hemos comentado anteriormente no son retirados esto hace que el nido quede pronto convertido en una verdadera cloaca. Además las abubillas poseen otra baza oculta para su defensa odorífera, y por ese motivo en el nacimiento de la cola se desarrolla en pocos días una glándula uropigial que utilizan para restregarse por todo su plumaje una secreción defensiva pestilente que hace que el individuo desprenda un nauseabundo olor y así ningún predador quiera comérselo, pero ya sabemos que a veces el hambre es más fuerte que la repugnancia y si este olor no hace retirarse al depredador e insiste en penetrar en el nido, las jóvenes abubillas son capaces de lanzarle una rociada de heces dirigidas contra la cara del agresor. 
Este olor que desprenden, junto con la nula limpieza del nido, les ha ganado el apelativo de "aves apestosas". Los pollos crecen rápidamente y en 4 semanas los pollos ya emplumados salen del nido. Una vez que los pollos han salido del nido la familia merodea cerca del nido durante 2 semanas hasta que los jóvenes ya son capaces de comer solos.

La abubilla es una especie migradora transahariana que llega a nuestra comarca con la llegada del buen tiempo y el aumento de las horas de luz. Por desgracia en muchas zonas ha llegado a ser escasa y en ello influye la creciente tala de especies arbóreas autóctonas y sobre todo el uso de insecticidas en los campos. 



Pero no en todos los lugares la abubilla tiene mala fama por su olor. Entre los egipcios era el emblema de la piedad filial y figura en relatos populares del Talmud; para los persas era símbolo de virtud y en la mitología árabe su presencia atrae la felicidad y el amor. Además, por votación popular, es el ave nacional de Israel desde al año 2008, aunque allí es conocida como "Hoopoe" o "Dujifat" que es como se la menciona en la Biblia y se la considera el símbolo de la sabiduría. 

En el Islam, la abubilla se asocia con el Rey Salomón, el profeta Suleyman para los musulmanes, quien habla con los animales y que fue “Quién le dio a la abubilla una cresta con plumas doradas” como corona. Esta historia se basa en una leyenda árabe que fue relatada por un poeta israelí, Hayim Naxman Bi’alik. Dentro del relato se cuenta que cuando el trabajo real abrumaba al rey Salomón, este solía tomarse vacaciones en una ciudad especial llamada Tadmor que construyó con este fin en medio del desierto. El rey volaba hasta allí durante días en su águila blanca personal y mientras estaba en esta ciudad en medio del desierto era la abubilla quien le traía noticias de su amada, la reina de Saba, y de su magnífico reino. En premio por su dedicación como mensajera le otorgo su cresta dorada. (Corán 27:20-28).

En el siglo XIII, el poeta místico persa Farid-ud-Din’Attar inmortalizó a la abubilla, convirtiéndola en la heroína de un viaje que emprenden treinta pájaros en busca del Simorgh, una criatura voladora de carácter mítico y benevolente. El relato del poeta cuenta que al final de su búsqueda, cuando encuentran al Simorgh, se dan cuenta de que se trata de ellos mismos. Pero a lo largo del relato, la abubilla tiene el papel de mensajera, de intermediaria entre el mundo visible e invisible, encarnación de la verdad y de la sensatez.



Pero ya se sabe que lo peor que le puede pasar a cualquier ser vivo es estar incluido dentro de las falsas y supersticiosas creencias populares y peor todavía para él si se le atribuyen propiedades medicinales o curativas por aplicación de partes de su cuerpo. Y por desgracia para nuestra protagonista ha tenido que sufrir esa lacra, para muestra unos pocos ejemplos:

En algunos lugares se cree que la abubilla hace su nido invisible, por ello antiguamente los mercaderes llevaban en el bolsillo una cabeza de este pájaro para que no les engañaran en los tratos.

Que colocar sus plumas en el hogar protege contra el mal de ojo y expulsa los sortilegios; y que su sangre se utiliza para escribir encantamientos que deben escribirse utilizando su pico para escribir; su cerebro es ingrediente principal para preparar ungüentos y filtros mágicos, entre ellos el elixir de amor, o que sus ojos son capaces de descubrir tesoros ocultos.

En el Magreb, los jóvenes han de devorar su corazón para que se les despierte el gusto por los estudios religiosos. Además, obtendrán gran éxito en los estudios si utilizan un ala seca del pájaro como marca páginas.

En Francia, los pastores aseguraban que, si se llevaba colgada del cuello la lengua disecada de una abubilla se recobraría la memoria perdida.

En España las leyendas decían que era uno de los ingredientes principales utilizados por las brujas en sus brebajes y pócimas, pero en la mayoría de los casos era para buenos preludios, como la de potenciar la agudeza intelectual o fortalecer la integridad.

En La Mancha a la abubilla se le llama cuquillo, por su canto, y simboliza el mal olor. Por eso en muchos pueblos, el comentario “hueles a cuquillo” puede ser una grave ofensa.

Como hemos podido observar es curioso como tratan las diferentes culturas ciertas cosas, demostrando fehacientemente la estupidez e incultura que antiguamente, y por desgracia todavía en algunos lugares actualmente, llevaba a la raza humana a exterminar o llevar al borde de las extinción a distintos animales y plantas sin ningún criterio científico. 

Curioso es también como tratan las distintas religiones a los distintos seres vivos que acompañan al ser humano en el planeta, como hemos comentado anteriormente en el Corán la abubilla es considerada un ave buena, mientras que la religión que en el judaísmo  es una las “aves impuras o animales impuros mencionados en la Torá”. (Levítico 11:13-20 NVI) o que en la época medieval era considerada como un símbolo de todo lo demoníaco y maligno.

Y para finalizar una divertida y, por supuesto, sin sentido creencia: En algunos pueblos del sur de España se creía que si una persona miraba fijamente a una abubilla, engordaba.